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Morriña de Ámsterdam

Cuando empecé a contaros mis aventuras viajeras a través de este blog y llegué al capítulo Ámsterdam

¡Me entraron unas ganas increíbles de volver y me compré otro billete!

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Fachadas de Ámsterdam

Esta vez decidí planear un fin de semana totalmente diferente, más cultureta y es que Ámsterdam es una de las ciudades con más museos del mundo.

La ciudad seguía igual de bonita que la recordaba. Esta vez, para variar, en vez de usar Couchsurfing, decidí alojarme en un albergue de juventud. Al llegar, me llevé la sorpresa de que las habitaciones eran mixtas, cosa de la que no me había percatado al reservar. Compartiría cuarto durante 2 noches con 3 amigos alemanes, 1 chico y una chica brasileños.

A la mañana siguiente, estaba ansiosa por recorrer la ciudad. Las calles adoquinadas, llenas de encanto, los canales… me volví a emocionar como la primera vez y no podía dejar de sonreír.

 

1. Casa de Ana Frank

Empecé con un plato fuerte: la casa de Ana Frank. Era temprano pero ya había cola. Había oído opiniones diversas sobre este lugar, no sabía qué esperarme. El museo es realmente muy sencillo pero personalmente resultó ser una experiencia sobrecogedora. La exposición, las fotos, los vídeos te sumergen en la historia. (Eso sí, el precio de la entrada me parece excesivo – 9,50 euros).

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Estatua de Anna Frank

2. Visita al Rijksmuseum

Al salir de allí, seguí paseando hasta el famoso Rijksmuseum, otro de los imprescindibles. A pesar de su fama y sin querer quitarle méritos a los grandes maestros holandeses, me decepcionó un poco ya que recoge casi toda la obra de Rembrandt (esperaba más variedad).

Tras dos museos, me fui en busca de un poco de relax en el bonito Café Americain, el típico “pub” holandés (brown café). Este, construido en 1880 resultó ser una auténtica pasada (Patricia, gracias por la recomendación).

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Café Society

3. Tour guiado por los canales

Tras el descanso, pensé en deshacer lo andado pero me di cuenta que ya había caminado muchísimo y que estaba lejos del albergue. Releyendo el folleto de la City Card (e intentando saber qué ventajas tenía esa maldita tarjeta – No incluía ni la casa de Ana Frank, ni el Rijksmuseum) descubrí que podía coger con ella un ferry con tour guiado. Navegar por los canales al atardecer, aunque sea muy de guiris, fue realmente genial (además de aprender un montón de secretos ocultos de la ciudad).

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Canales de Ámsterdam

4. Barrio Rojo

La noche había caído en el Barrio Rojo, el ambiente más increíble que de día. Según mi guía, debido a los movimientos migratorios y la gran tradición comercial del puerto de Ámsterdam, se podía disfrutar de grandes restaurantes tailandeses y uno de los mejores… a unas manzanas de mi albergue. Era una opción perfecta para cenar después de un largo día.

El Bird Thai tenía cola (buena señal), la comida fue exquisita, casera y fresca (casi igualando aquel increíble almuerzo en Chinatown). Tras un auténtico festín, volví al albergue y sorprendentemente todos mis compañeros de habitación estaban despiertos. Era sábado por la noche y estaban allí. Empezamos a hablar de todo un poco (los alemanes habían salido la noche anterior y habían quemado ya todo su prepuesto). El brasileño llevaba dormido desde la noche anterior para risa de todos (la experiencia Coffee Shop lo había matado). La chica brasileña empezó a contarme todos los secretos del carnaval en Brasil…

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Más canales de Ámsterdam

5. Museo Van Loon

A la mañana siguiente, aún enrabietada por el timo de la City Card, intenté sacarle el mayor provecho posible. Visité – gracias a ella – el Museo Van Loon, residencia de Willem van Loon, uno de los co-fundadores de la Compañía Holandesa de la Indias Orientales, del s. XVII. Fue divertido ver el interior de una de las miles casas bailarinas, descubrir los jardines escondidos (antiguamente, como no se podía construir a lo ancho, las casas se construían hacia atrás) 🙂

 

6. Museo Van Gogh, Hermitage, Rembrandt y Oude Kerk

El último museo que no me podía perder era el museo Van Gogh. Las obras habían sido trasladadas temporalmente al museo Hermitage así que fue un “dos en uno”.

Finalmente, antes de dejar la ciudad, hice dos paraditas más.

La primera fue en la Oude Kerk (incluida en 1000 places to see before you die). Me decepcionó un poco pero resultó curioso comprobar de nuevo lo liberales que son los holandeses: había una exposición sobre la homosexualidad dentro de la Iglesia Vieja, jejeje.

La segunda en el pequeño Museo Rembrandt que fue interesante pero sin más.

 

Tras un fin de semana de lo más “museístico”, cargue la maleta de tulipanes y me fui pensando ya en repetir por tercera vez… Ámsterdam es realmente una ciudad genial y única.

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