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Modelitos de las birmanas

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Niña con thanaka por el lago Inle

Y como ya va siendo habitual, aquí os va mi lista de consejos para visitar Myanmar, un país aún desconocido para nosotros pero muy interesante y auténtico.

1º) Faldas largas y thanaka

Tanto hombres como mujeres llevan falda larga, llamada longy. Es simplemente una tela cosida a la que le hacen un nudo por delante para ajustarla. ¡Muy sexy!

La thanaka es un cosmético que se consigue a través de una madera de resina amarilla con ese mismo nombre. Se mezcla con agua. Los niños y las mujeres se la echan para protegerse del sol. Deja la piel tersa y fresca. Se puede aplicar de cualquier forma o se pueden hacen dibujos. A los birmanos les encanta y ahora a mí también tras haberla probar y comprobar lo bien que le sienta a mi piel, jeje. 🙂

2º) Escupitajos por doquier

Dos de las mayores peculiaridades de los birmanos – y bastante desagradable – es que se pasan el día escupiendo y, luego, están los “escupitajos rojos“. En Myanmar es muy típico que los hombres masquen hojas de betel (como si se tratase de fumar tabaco). Esta planta suelta un líquido rojo que tiñe los dientes y los deja bien bonitos…

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Botijos de agua para todo público

3º) Agua para todos

En Myanmar es muy habitual encontrar vasijas o dispensadores de agua purificada con tazas por doquier. Eso sí, no tengo muy claro dónde y cuando lavan los recipientes (ojo con los gérmenes) pero se agradece el detalle para poder rellenar tu botella de agua siempre que lo necesites. 🙂

3º) Internet aún bastante precario

Aún está llegando Internet a Myanmar. El país sólo se abrió al turismo hace apenas diez años y las nuevas tecnologías (como en todas partes) se están instalando en la vida cotidiana a pasos agigantados. Muchos hoteles ya tienen wifi pero es muy frecuente – al igual que la corriente eléctrica – que se corte con frecuencia. Aún así, ya es posible adquirir tarjetas SIM internacionales (por el módico precio de 8 euros) que permiten llamar al extranjero a precio reducido y conectarse a Internet.

4º) Tasas turísticas

Como el gobierno se ha dado cuenta de la gran afluencia de turistas que están llegando al país, se ha subido al carro incluyendo el pago de tasas obligatorias para visitar diferentes áreas: 10 dólares para entrar en la región del Lago Inle, 15 dólares para visitar el área de Bagán y 10 dólares para visitar los monumentos más importantes de Mandalay (No os olvidéis, por lo tanto, de llevar dólares y… ¡que los billetes sean nuevos! Si no, no os los aceptan).

5º) Las tarjetas son bienvenidas

En Myanmar, la moneda es el Kyat (se pronuncia “chat”). Sólo tienen billetes. Nada de monedas.

Lo cierto es que, a pesar de poco desarrollo de Myanmar, me ha sorprendido la gran facilidad con la que se puede viajar a través del país… siempre que tengas una tarjeta, jeje. Hasta ahora sólo había turismo de lujo y de negocios por lo que es muy fácil realizar todo tipo de transacciones con tarjeta (siempre que no haya problemas de electricidad y que funcione Internet) o encontrar cajeros en las zonas comerciales o turísticas.

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Señora curiosa rezándole a un Buda

6º) Respeto en los templos

En Myanmar se pueden visitar infinidad de templos a cual más espectacular pero recuerda que para entrar en los templos budistas es obligatorio descalzarse (nada de calcetines tampoco por lo que acabarás todos los días con los pies negros. Vete haciéndote a la idea…) y se pide a los visitantes llevar pantalón largo/falda larga. Las chicas no podemos llevar ni escote, ni camiseta sin mangas, ni camiseta de tiras, ni enseñar el ombligo.

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Comida callejera con sus típicas mini mesas y mini sillas

7º) Los restaurantes… para niños

Al igual que en Malasia y en Tailandia en los restaurantes sólo se usan tenedor y cuchara o palillos de madera (los cuchillos sólo para los cocineros). Lo que más me llamó la atención desde el principio es que la mayoría de los restaurantes tienen mesas y sillas… ¡para niños! No me preguntéis por qué pero a esa gente les gusta comer a ras del suelo. Otra peculiaridad divertida es que para llamar al camarero, los hombres hacen el ruido de como si estuviesen dando besos al aire, jajaja.

8º) Traslados por el país

En las ciudades más turísticas es facílismo encontrar agencias de viajes que pueden reservar todo tipo de transportes para vosotros. Lo sorprendente es que incluso, a veces, resulta más económico que reservar por Internet ya que muchas compañías aéreas locales aún no tienen página para comprar online.

Si queréis desplazaros por carretera, la mayoría de los turistas viajan en “mini vans” (furgonetas de hasta 12 plazas). Por desgracia, aunque las carreteras suelen estar asfaltadas, suelen tener bastantes curvas y la mayoría de las veces no tienen más de dos carriles. A mayores, los birmanos conducen muy despacio, por lo tanto los desplazamientos pueden hacerse muy muy largos.

Los trenes son bastante anticuados y tardan también lo suyo.

En mi caso, por no perder tiempo, he optado un par de veces por el avión y, la verdad es que – en mi opinión – merece la pena. Suelen ser compañías locales con aviones pequeños, con una atención impecable (la gran mayoría de los vuelos no duraron más de dos horas e incluían comida a bordo) y no pierdes todo el día en la carretera (30 min de vuelo versus 8 horas de carretera de Inle a Mandalay. ¿Qué me decís?).

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Unos monjitos visitando un monasterio y pasando mucho calor

9º) Myanmar, el país de los monjes

Myanmar es un país mayoritariamente budista. Hay muchísimos monjes y, al principio os volveréis locos queriendo sacarles fotos a todos, jejeje. Todos llevan la cabeza rapada, una túnica roja y el hombro derecho al descubierto. ¡Pero también hay monjas! Ellas también llevan la cabeza rapada, una túnica rosa y los dos hombros cubiertos. A pesar de que las familias dejan a sus pequeños desde muy jóvenes en los monasterios, cuando cumplen los 21 años deciden si quieren seguir o dejarlo. He tenido la ocasión de hablar con varios de ellos ya que curiosamente, aunque la mayoría de los birmanos no hablan inglés, sí es frecuente que los monjes lo estudien y se acerquen a los turistas para practicarlo. 🙂

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El caótico y “tranquilo” tráfico de Yangón

10º) Tráfico zen

Jamás pensé que me atrevería a andar en moto ¡y aún menos en Birmania! A pesar de que el tráfico en Yangón y Mandalay puede parecer cáotico e infernal (los atascos son el pan nuestro de cada hora), al final uno se acostumbra a él. Sorprendentemente los birmanos son extremadamente tranquilos. Conducen muy despacio y suelen ser muy respetuosos con los demás. Parecen no enfadarse nunca. Cuando te quieren adelantar, simplemente te pitan suavemente para avisarte de que van. ¡Y funciona! Gracias a ese sistema, no tuve ningún problema y no pasé miedo en ningún momento.

11º) Comida “dulce”

A diferencia de sus países vecinos, me he visto gratamente sorprendida con la comida birmana ya que no es tan picante y suele ser bastante más “fresca”. Tienen un montón de ensaladas, les encantan cocinar todo tipo de alimentos a la barbacoa. ¡No dudéis en probar cosas en los puestos de street food!

12º) Un destino en pleno auge

Por desgracia, aunque me alegro de que Myanmar esté abriéndose y los turistas dejemos mucho dinero allí, debido a su patrimonio cultural inmenso y tan interesante ya se nota que, cada día, son más las personas que viajan a este país. Prueba de ello, la invasión “bárbara” del puente U Bein en Amarapura (un puente de teka más largo del mundo tan lleno de gente que no se podía caminar por él) o de la pagoda Shwesandaw en Bagán (tan llena de turistas esperando el atardecer que apenas se podía subir y bajar de ella). ¡Corre! ¡No dejes de visitar Myanmar cuanto antes! 😉

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El templo de Amarapura plagado ya de turistas

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